El mayor experimento científico evolutivo realizado hasta ahora nos muestra que la vida se abre paso a toda costa

La vida aprovecha cada oportunidad, por pequeña que sea, para seguir adelante y perpetuarse. Y por agresivo que sea el medio en el que se está desarrollando. Los experimentos que los científicos han realizado durante décadas, y también la observación de la naturaleza, nos muestran la excepcional capacidad de adaptación al medio que tienen muchos organismos, y esta capacidad tiene su origen en un mecanismo que conocemos bien: mutaciones.

En términos generales, una mutación es una alteración en la secuencia de los nucleótidos que componen el genoma de un organismo. Este error puede ocurrir espontáneamente durante la replicación de moléculas de ADN, pero también puede ocurrir por la exposición de estas moléculas a algunos agentes externos que tienen la capacidad de dañarlas, como las radiaciones ionizantes, entre otros factores que no investigaremos para no complicar este artículo más de lo necesario.

Algunas mutaciones tienen el poder de conferir ventajas evolutivas a los organismos en los que se producen, facilitando su adaptación al medio.

Esta explicación parece invitarnos a pensar que las mutaciones son perjudiciales para los organismos, pero, en realidad, no siempre es así. Algunas mutaciones no tienen importancia; otros, de hecho, pueden desencadenar procesos nocivos para el organismo en el que han tenido lugar; y unos pocos tienen el poder de confieren ventajas evolutivas a ese organismo. Estos últimos suelen manifestarse en forma de una mayor capacidad de adaptación al entorno.

El papel que han tenido las mutaciones en la evolución de los seres vivos está fuera de toda duda. Y por supuesto que explican la evolución que hemos experimentado como especie desde nuestros antepasados. Pero para comprender su alcance, comprender sus mecanismos más íntimos y descubrir su impacto en grandes poblaciones, se requiere más investigación. Estos son precisamente los objetivos del experimento LTEE (Evolución experimental a largo plazo) en el que investigaremos en los próximos párrafos.

LTEE ya ha superado las 74.500 generaciones

Richard Lenski es profesor de ecología microbiana en la Universidad Estatal de Michigan. En 1988 se le ocurrió iniciar un experimento que le permitiría analizar el impacto que tienen mutaciones en el genoma alteraciones de la bacteria E. coli (Escherichia coli), que se encuentran, por ejemplo, en nuestro tracto gastrointestinal porque contribuyen al proceso digestivo.

Su propósito era presenciar cómo se desarrollan las mutaciones a medida que surgen nuevas generaciones de bacterias y hasta qué punto representan una ventaja evolutiva para estos diminutos microorganismos. La elección de E. coli no fue accidental. Y es que estas bacterias se desarrollan seis o siete nuevas generaciones todos los días, por lo que son perfectos para analizar las alteraciones genéticas que se están produciendo y el impacto que tienen en su capacidad de adaptación al medio en el que se encuentran.

En los 33 años que han pasado desde que Lenski inició su experimento, las 12 colonias de bacterias que mantiene en constante renovación han dado lugar a nada menos que 74 500 generaciones. Las mutaciones ocurren con muy poca frecuencia, por lo que solo una de cada mil bacterias muta, pero esta baja tasa no es un problema porque varios miles de millones de bacterias están involucradas en este experimento. Y esta dimensión tiene una consecuencia: cada día ocurren alrededor de un millón de mutaciones.

Por este motivo, el desarrollo que han sufrido las bacterias E. coli durante el experimento de Lenski, en el que la selección natural ha gobernado, equivale aproximadamente a 1,5 millones de años de evolución humana. No hay nada. Como podemos imaginar, este científico y sus colaboradores están obteniendo información muy valiosa gracias a este experimento de larga duración. Pero la conclusión más relevante a la que han llegado, como defiende el propio Lenski, es que la evolución nunca se detiene. Ni siquiera si cesa la presión ambiental. Y, afortunadamente, no somos inmunes a ella.

Imagen de portada | Pixabay

Más información | Universidad del estado de michigan

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